
- Image by birdfarm via Flickr
A los ocho años, quizá nueve o diez, con mi hermano usábamos una vieja grabadora de la casa y un lámpara para jugar a la radio.
En la radio metíamos cassettes y eran las pistas del programa, y la lámpara fungía como micrófono. Sin saberlo, jugaba a lo que después se convertiría en mi profesión.
Luego hice una pasantía en Radio Quito a los 16 y me quedé fascinado, eso era lo que quería hacer de mi vida: ser periodista.
Pero no cualquier periodista, un comentarista deportivo (la salida para los que no alcanzamos a ser futbolistas, je).
En todo caso, entré a la facultad, y aprendí algunas cosas, el resto lo hice en los medios.
Pero allí mismo, en la calle, además de conocer más, me di cuenta cuánta gente que nunca piso un curso de periodismo ejercía, y lo hacía bien, mejor que muchos licenciados en la materia.
Después, arrancó la onda del periodismo ciudadano y la onda del 2.0. La cosa buena, que cómo ando joven me trepé rápido a la ola. La mala, es que la profesión (hablando de cómo es vista) se ahogó…
Sí, porque los extremistas la mataron. Unos por creer que seguimos en los tiempos de William Randolph Hearst, donde lo que decimos y publicamos es ley. Y otros, por creer que como todo el mundo tiene Google, ya no nos necesitan.
Pero, ¿por qué pensar que todo está perdido? Si los doctores tienen cientos de años en la profesión, y así los arquitectos y hasta las prostitutas.
Claro, a los médicos les tóco entrarle a la investigación y especialización; los arquitectos ya no diseñan como hace 40 años, y de seguro las últimas también aprendieron una que otra táctica nueva.
¿Y nosotros?, pues (y esta es mi muy humilde opinión) creo que dejamos de ser los que visitábamos fuentes y nos encargábamos de poner todo en un papel, sonido o pantalla. Lo seguimos haciendo claro, para que la gente se alimenta y lo reparta, como sucede en Twitter.
Ahora nos toca ser una especia de clasificadores, periodistas que le ayuden a los lectores / navegadores a encontrar un menú de información más reducido. Y además que los trate con respeto e igualdad, algo que a veces a los periodistas nos falta.
¿El futuro del periodismo? Es cambiar, evolucionar, no hacer lo mismo desde que arrancó el oficio. Solo así los jóvenes seguirán entrando a la facultad, para encontrarse con una profesión entretenida, que esté lejos de la monotonía del día a día y se dediquen a pensar cómo lectores, como personas.









